Increíble, pero cierto, me gasté diez lucas (un poco más si contamos el pago de la tarjeta de crédito) en el último libro de Harry Potter. Sí, muchos dirán que no está a la altura de un erudito de mi estirpe, pero lo cierto es que desde El Cáliz de Fuego (y hablo de la película) me dio por saber el destino de este personaje, que seguí con deleite desde la primera película, a la que llegué un poco tarde porque me entusiasma nada la taquilla y todo eso, me da mala espina. Cuando vine a verla, un año después tranquilamente en mi casa, me conquistó, porque me encanta la fantasía y sobre todo la magia, desde que veía los fascinantes capítulos de La Hechizada en el canal 7 (el nacional), que era el único canal que llegaba a Vallenar en esos años de truculenta dictadura: después del ascenso del Señor Oscuro, claro, y cuando los Maleficios Imperdonables eran usados a la orden por los asquerosos Mortífagos de la época: el maleficio Imperius, a través de la censura y el miedo; el Cruciatus, por medio de quién sabe qué artefactos horrorosos, y el maleficio asesino: Avada Kedavra, que mirado de cerca y dada las circunstancias, era el menos terrible entonces. Aunque a la Rowling le falto incluir en su alegoría sobre los gobiernos autoritarios, que es en buena parte Harry Potter, y su lucha contra ellos, dos de los peores entre estos maleficios imperdonables, que también se dan en estas épocas: el maleficio de la desaparición y el del olvido. Cierto que ambos aparecen en la saga, pero no los incluye entre los imperdonables, cuando deberían ir en primer lugar allí.
Después de El Cáliz de Fuego (la película) fue cuando me quedé intrigado por lo que seguía, y simplemente no pude esperar otro año para ver qué pasaba. Así que me conseguí por ahí La Orden del Fénix y bueno, de ahí a El Misterio del Príncipe (que en realidad se debería llamar El Príncipe Mestizo, pero ese es uno de los tantos cagüines potterianos que otro día les contaré), hasta llegar a este último, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, que ni siquiera me pude aguantar a conseguirlo por ahí y terminé comprándolo. No voy a decir que es la mejor compra que he hecho. Me sigo quedando con La Orden del Fénix, el libro, no la película, que igual me gustó, aunque mis gustos respecto a Harry Potter estén dicatados por una comprensión del universo creado por la Rowling que va más allá del mero fenómeno de superventas y reactivación de la lectura infantil. Un fenómeno que le ha quitado bastante peso al trasfondo y la calidad del universo que se desarrolla en la obra, cosa que muchas veces desdice la calidad literaria de los libros. Bueno, cuando se escribe por encargo y contra el tiempo ahí tienen el resultado.
En cuanto a Las Reliquias de la Muerte, la mayoría de mis suposiciones anteriores se cumplieron, sobre todo respecto a uno de los personajes, que era bastante central en la solución final del conflicto y que caía de perillas que iba a ser así por los vacíos dejados en el libro anterior, a propósito, claro. El resto hace honor al ingenio de la Rowling, sí, bastante más complejo de lo que muchos suponen. Bueno, no soy tan ingenuo ni tengo tan pocas buenas lecturas en el cuerpo como para suponer que Harry Potter pasará a formar parte de los grandes clásicos infantiles; me parece difícil, aunque eso lo dirá el tiempo. Pero ha tenido su espacio y ha dejado su huella, incluso en adultos como yo, no cayendo en fanatismos ni cegueras estúpidas. Además, se trata de literatura infantil y juvenil, qué tanto. Si se le va a estar haciendo demasiado caso a viejos fósiles literarios como Harold Bloom, por citar un ejemplo, entonces pueden ir enterrando las lecturas ingenuas de la lista de lecturas de sus niños, si acaso a alguien le interesa que sus hijos lean en este país analfabruto, claro. Y no tengo tiempo de explicarles quién es Harold Bloom tampoco, patota de ingnorantes.
Si quieren mi opinión (y me importa un pepino si me la pidieron o no, total es mi página y si no cambien de canal), a quien le guste disfrutar de estos universos armados de una manera inteligente y bastante aceptable literariramente hablando, pueden comprar el libro, aunque les advierto, hay mejores en la saga. Pero este es el descenlace. A los que buscan una calidad literaria a niveles clásicos, bueno, gasten sus diez lucas en algún buen libro de Andersen y Carroll, o de Marcela Paz, que igual leerse un Papelucho es super cachilupi.
1 comentario:
Aunque no soy lectora de este tipo de textos,m parc interesante los comentarios realizados.Se nota q es una persona que sabe lo que dic y q bien q le importe un pepino lo que piensen los demás.Te apoyo.Sigue con tus comentarios,vale la pena leerlos.
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